La inquisición en Córdoba. Un ejemplo de amor y tolerancia

Extracto de Revista de historia moderna.
…III. La actuación de Diego Rodríguez Lucero
Sin duda alguna, de todos los inquisidores de este primer momento
destaca Diego Rodríguez Lucero por su encarnizada
lucha contra los judaizantes. ¿Quién era este hombre y a qué
acontecimientos dio lugar?…
Datos personales
Por lo que a su cursus honorum se refiere, no se dispone de
muchos datos. Nació en Moguer (Huelva), en una fecha indeterminada
del siglo XV. Bachiller en Leyes y licenciado en
Teología, la primera noticia que se tiene de Lucero es su aparición
en un auto de reconciliación en Jerez de la Frontera,
donde ya habría conseguido el puesto de inquisidor. Junto a
él se encontraban otros dos colegas, el Dr. D. Hernando Niño
y el licenciado Esteban de Pernia.
La siguiente pista de Lucero lleva a la ciudad de Córdoba,
adonde se trasladó para pedir a los Reyes Católicos que le
dieran una vacante de maestrescuela en la Catedral de Almería.
El 4 de junio de 1492 Lucero había conseguido ya su
carta de presentación de los monarcas para comparecer ante
las dignidades de la iglesia almeriense (nota 25) y aunque no
se sabe si llegó a tomar posesión física de la vacante, sí que
la disfrutó muchos años, incluyéndola entre sus títulos en documentos
oficiales. Poco después o quizás en estas mismas
fechas, fue nombrado inquisidor de Córdoba, donde se trasladó
a vivir al número 7 de la calle Encarnación (nota 26).
El sábado 7 de septiembre de 1499 fue enviado por los inquisidores
generales de esta ciudad a la de Granada como
inquisidor. En mayo del año siguiente, Lucero regresa a la escena
granadina con la misión de echar de allí a todos los reconciliados
y el 11 de mayo de 1500 es nombrado inquisidor
de Granada junto a Antón Francés. Finalmente, regresaría a
Córdoba con ese mismo cargo, donde se desencadenarían
los acontecimientos que lo han hecho tan famoso.
En cuanto a su personalidad, apenas hay más datos que los
que se derivan de sus escandalosos excesos en la ciudad:
«excepcional monstruo» (nota 27), «fanático y violento», de
«carácter acre y duro» o «inspirado por Lucifer» (nota 28), se
unen al apelativo de Pedro Mártir de Anglería –que se dirigía
a él llamándolo «el Tenebrero»– para componer su imagen.
19 ÍNDICE
carta de presentación de los monarcas para comparecer ante
las dignidades de la iglesia almeriense (nota 25) y aunque no
se sabe si llegó a tomar posesión física de la vacante, sí que
la disfrutó muchos años, incluyéndola entre sus títulos en documentos
ofi ciales. Poco después o quizás en estas mismas
fechas, fue nombrado inquisidor de Córdoba, donde se trasladó
a vivir al número 7 de la calle Encarnación (nota 26).
El sábado 7 de septiembre de 1499 fue enviado por los inquisidores
generales de esta ciudad a la de Granada como
inquisidor. En mayo del año siguiente, Lucero regresa a la escena
granadina con la misión de echar de allí a todos los reconciliados
y el 11 de mayo de 1500 es nombrado inquisidor
de Granada junto a Antón Francés. Finalmente, regresaría a
Córdoba con ese mismo cargo, donde se desencadenarían
los acontecimientos que lo han hecho tan famoso.
En cuanto a su personalidad, apenas hay más datos que los
que se derivan de sus escandalosos excesos en la ciudad:
«excepcional monstruo» (nota 27), «fanático y violento», de
«carácter acre y duro» o «inspirado por Lucifer» (nota 28), se
unen al apelativo de Pedro Mártir de Anglería –que se dirigía
a él llamándolo «el Tenebrero»– para componer su imagen.
Los sucesos en Córdoba
Diego Rodríguez Lucero sometió al pueblo cordobés a una
tremenda persecución, con el apoyo del Inquisidor General,
Diego de Deza, y del propio Rey Católico. La falta de pruebas
para demostrar que los acusados eran auténticos judaizantes
le hacía emplear con los reos tormentos variados para
presionarlos y conseguir que dijeran lo que él consideraba
oportuno (nota 29). Sus abusos llegaron al punto de permitir
que algún auténtico judaizante instruyera a los presos en la
doctrina hebrea antes de declarar; de esta forma ilícita conseguía
falsos argumentos para llevarlos a la hoguera, como
hizo con cientos de personas.
El auto de fe de 22 de diciembre de 1504 fue el más cruento
de todos los autos celebrados por la Inquisición de Córdoba;
desde él fueron llevados al quemadero ciento siete personas,
configurando un espectáculo dantesco:
«[...] quando quemó los 107 hombres (se refiere a Lucero),
yban los 13 llamando a Dios y a la Virjen que los perdonase y
diciendo que jamás tal pecado de erejía cometieron, y llamauan
escribanos que les diesen testimonio como morían Cathólicos
Xriptianos y en la Fee de JesuChristo [...].» (nota 30)
Dos años más tarde, en 1506, se libraron de morir abrasadas
nada menos que 160 personas, pero eso no impidió que en
un quinquenio –cuatro autos de fe mediante – 277 fueran relajadas
(nota 31).
Uno de los personajes más perseguidos por Lucero fue el
confesor de origen converso de Isabel, Hernando de Talavera,
arzobispo de Granada, quien abogaba por una política de
atracción suave de los conversos al cristianismo y de castigo
sólo en caso de mostrarse negativos. Quizás se deba leer
entre líneas alguna cuenta pendiente hacia él de la época en
que Lucero estuvo como inquisidor en Granada, allá por los
años de 1499 y 1500, aunque también hay que tener muy en
cuenta la coyuntura política para interpretar esto como una
persecución a un protegido de la ya fallecida Reina Católica.
Como no consiguió procesar a tan alto personaje, el inquisidor
optó por encarcelar en 1505 a su familia –una hermana
y sus sobrinos –, que vivían con el arzobispo en la misma
casa.
La ciudad de Córdoba no permaneció impasible ante los atropellos.
Muy al contrario, intentó infructuosamente y por distintos
medios que se atendieran sus quejas y que se echara a
Lucero del tribunal (nota 32). Primero envió una embajada a
Deza compuesta por miembros de sus cabildos eclesiástico
y civil, pero el Inquisidor General aprobó la conducta de los
inquisidores (nota 33). En el otoño de 1505 y a principios de
1506, los presos, sus abogados y sus parientes recusaron a
Deza como juez y apelaron a la máxima autoridad, el Papa.
Pero en esta ocasión sería el propio Rey quien defendiera a
Lucero y sus colegas. Fernando envió dos cartas a Julio II a
favor de ellos, pidiendo que no se hiciera caso a los reos, que
habrían sido juzgados respetando las reglas del derecho.
El desembarco de la Reina Juana y de Felipe I en La Coruña
hizo que los acontecimientos dieran un giro. Los conversos y
cristianos viejos perseguidos ya habían enviado a Felipe una
carta en 1505, cuando todavía estaba en Flandes, exponiendo
la situación en la ciudad. Aunque el Rey había mandado a
Deza que paralizara toda actividad hasta que él llegara, el Inquisidor
General, al amparo de Fernando, no había cumplido
lo ordenado. Sin embargo, tras el desembarco, Deza no tuvo
más opción que paralizar todos los procesos criminales, ante
el peligro de posibles represalias. El Rey Felipe hizo que delegara
sus facultades en el Obispo de Catania, Diego Rodríguez
de Guzmán, por lo que todo apuntaba a que la situación
regresaría a parámetros de normalidad. Pero la inesperada
muerte de Felipe haría que Deza relegara al Obispo de Catania
y los procesos se reanudaron de la mano de Lucero.
En la ciudad, el descontento creciente y contenido llegó a
límites incontrolables. El inquisidor apuntaba con descaro a
1506, los presos, sus abogados y sus parientes recusaron a
Deza como juez y apelaron a la máxima autoridad, el Papa.
Pero en esta ocasión sería el propio Rey quien defendiera a
Lucero y sus colegas. Fernando envió dos cartas a Julio II a
favor de ellos, pidiendo que no se hiciera caso a los reos, que
habrían sido juzgados respetando las reglas del derecho.
El desembarco de la Reina Juana y de Felipe I en La Coruña
hizo que los acontecimientos dieran un giro. Los conversos y
cristianos viejos perseguidos ya habían enviado a Felipe una
carta en 1505, cuando todavía estaba en Flandes, exponiendo
la situación en la ciudad. Aunque el Rey había mandado a
Deza que paralizara toda actividad hasta que él llegara, el Inquisidor
General, al amparo de Fernando, no había cumplido
lo ordenado. Sin embargo, tras el desembarco, Deza no tuvo
más opción que paralizar todos los procesos criminales, ante
el peligro de posibles represalias. El Rey Felipe hizo que delegara
sus facultades en el Obispo de Catania, Diego Rodríguez
de Guzmán, por lo que todo apuntaba a que la situación
regresaría a parámetros de normalidad. Pero la inesperada
muerte de Felipe haría que Deza relegara al Obispo de Catania
y los procesos se reanudaron de la mano de Lucero.
En la ciudad, el descontento creciente y contenido llegó a
límites incontrolables. El inquisidor apuntaba con descaro a
destacados miembros de las oligarquías locales, tanto laicas
como eclesiásticas. Córdoba se levantó en armas contra Lucero
el 9 de noviembre de 1506, asaltando la cárcel inquisitorial
y soltando la increíble cifra de cuatrocientos presos, que
se encontraban dentro. El inquisidor, ante la magnitud de los
hechos, se vio obligado a escapar en una mula por la puerta
trasera del Alcázar:
«[...] apellidaron los beçinos y de mano armada entraron por
los alcáçares y prendieron a un fiscal y un notario, abrieron las
cárçeles y echaron fuera todos los presos y mataron a el inquisidor
si no se juiera por la guerta de la inquisiçión. Publicaron
en andaluçía estos señores que las injustiçias del inquisidor
dieron ocasión a su cólera y no miraban el daño que haçían a
las cossas de la fe y rrelijión aunque el desacato y el rruido fue
tan grande como fue a boz y pendón de çiudad y obligando a
todos los menores de sesenta años a tomar las armas contra
el inquisidor y las causas deste alboroto fueron tan grandes y
todos sus deudos estavan tan enparentados en castilla, todo
se hiço de noche.» (nota 34)
Todo llevó a la destitución de Deza, al nombramiento de
Cisneros como Inquisidor General y a la convocatoria de una
Congregación Católica, que por primera vez sentó en el banquillo
de los acusados a la propia Inquisición…



Esta obra se debe a una de las pocas especialistas en Andalucía sobre el tema de la Inquisición.
Algunas de sus obras las podéis ver aquí:
http://www.uco.es/investiga/grupos/sigloro/cuadro.htm
Y además, ha sacado un libro sobre la historia del siglo XVIII en Córdoba.
http://www.gestion.uco.es/gestion/comunica/actualidad/noticias/?idn=4351
Y además…. ¡¡¡¡ ES MI CUÑÁ !!!! Es una máquina… se os pondrían los pelos de punta de las cosas que cuenta de la Inquisición, de verdad. Os recomiendo que le sigáis la pista… al menos si os gusta esa época.
[...] Anteriormente se habían llevado otros métodos de tortura más románticos como la Guillotina, o la sin duda mejor tira cómica del manual de la tortura ejecutada por los Tribunales de la Santa Ejecución, perdón, Santa Inquisición, que hicieron de los más de 600 años en que sembraron el terror irracional, la peor y más sangrienta época de la Historia escrita, sumando en todos estos años a los criminales más sanguinarios que la Historia haya podido contemplar, como el tristemente famoso Tomás de Torquemada o nuestro mucho más cercano Lucero el Tenebroso. [...]