La segunda desislamización de la Mezquita de Córdoba (I)

30 Junio 2009
By Manuel Harazem

Holmes explicaba que cuando se conquista un pueblo hay que destruir sus templos. Además, lo primero que trae esa conquista, como escribe Gonçalo M. Tavares en Un hombre: Klaus Klump, es la imposición de otra música. Porque la música es una señal de humillación: “Si quien ha llegado impone su música es porque el mundo ha cambiado, y mañana serás un extranjero en el lugar que antes era tu casa. Ocupan tu casa cuando ponen otra música”.

M. A. Aguilar

A los amigos que vienen por Córdoba y deciden visitar la Mezquita suelo decirles que comprueben cómo nada más entrar, en el mismo momento en que cojan el folleto explicativo que va incluido en el precio de la entrada, serán víctimas de un intento de engaño por parte de los dueños y responsables del monumento. Efectivamente ese folleto no es más que un panfleto catequético que sustenta un burdo intento de manipulación de la historia y la esencia del lugar con exclusivos fines propagandísticos del producto espiritual que allí se vende. No siempre fue así y puede afirmarse que el hecho forma parte de la yihad fundamentalista en la que la Iglesia Católica viene empeñada desde que accediera al trono del Reino Vaticano el Impresentable Organista de Cracovia, Woytila, y quien le movía los labios en la oscuridad, el cardenal y actual Papa Ratzinger, con la misión de desmontar cuidadosamente el tímido aggiornamiento que el Concilio Vaticano II había conseguido en lo referente a la doctrina social y al diálogo con otras religiones. Desde entonces en la sede episcopal cordobesa se decidió un plan muy sibilino para, en consonancia con los vientos fundamentalistas que venían de Roma y acicatados por ciertas exigencias de conversos musulmanes de compartir rezo, reinterpretar la historia del monumento mediante una serie de descaradas mutaciones en el discurso oficial de explicación del mismo. El fin de tal manipulación no es sino alcanzar su completa desislamización, hacerle perder su origen islámico e inculcar la idea de que se trató de un templo católico desde siempre que fue usurpado durante un periodo de su historia por otro culto bárbaro y cruel venido de fuera, que no le aportó nada original, para ser final y felizmente restituido a su función originaria.

Para abrir boca podemos usar una prueba del algodón de comparar unos ejemplares del mismo folleto que se entregaban hace unos años con el actual.

Empecemos por la portada y el título: En éste del año 81, se llamaba al monumento Mezquita-Catedral, ( GUÍA BREVE DE LA MEZQUITA CATEDRAL DE CÓRDOBA) y presentaba tres recortes de vistas de grabados del siglo XIX con imágenes de la mezquita propiamente dicha y uno pequeño, abajo, de la catedral incrustada en su centro.

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Posteriormente, en el año 98 se edító este otro en el que se altera el orden de los términos del nombre tradicional del monumento, indicando expresamente el nuevo uso y nombre (con la insidia de colocar el título de santidad propia del catolicismo) del edificio indicando la obsolescencia del antiguo: BREVE GUÍA DE LA SANTA CATEDRAL GUÍA (Antigua Mezquita de Cördoba):

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De la portada del nuevo folleto ha sido eliminada la palabra MEZQUITA y se titula ya solamente LA CATEDRAL DE CÓRDOBA (Testigo vivo de nuestra Historia) y consta de una sola imagen de una vista de la nave que lleva al mihrab, pero tomada de forma que la bóveda que se aprecia y el arco que enmarca en conjunto son de construcción gótica. La parte católica, pues, primando sobre la islámica.

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Pero es en el interior y en los propios textos explicativos donde encontramos mejores pruebas de la mutación. En la antigua el texto se embarcaba desde el primer momento en una explicación de la evolución del monumento siguiendo los criterios más aceptados por la historiografía mundial, apoyado además por una cita del arquitecto e historiador del arte Fernando Chueca:

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Seguidamente se emplea en la descripción de los diferentes elementos del monumento sin salirse del guión de la ortodoxia comunmente aceptada.

En el segundo folleto, el que proporcionan actualmente, la explicación se encuentra guarnecida arriba y abajo por sendas fotografías de elementos cristianos: una lápida y un friso paleocristianos. El texto está dividido en dos partes El epígrafe de la primera reza (nunca mejor dicho): IGLESIA MADRE DE LA DIÓCESIS que da pie a una puesta en claro de lo que para los dueños del monumento representa y lo que quieren que represente también para los visitantes: un lugar exclusivamente de culto católico. Que se entienda que la grandiosa arquitectura es sólo el envoltorio del producto que en allí se vende: catolicismo preconciliar. Y que se invita a la distinguida clientela a consumirlo.

En el segundo cuerpo y bajo el epígrafe LOS ORÍGENES, se incide vehementemente en el hecho de que en el lugar que hoy ocupa la mezquita hubo una iglesia visigoda destruida por los musulmanes para construirla. Lo que lleva al autor del panfleto a lanzar un finísimo pellizco de monja, clave de todo el asunto: ese hecho demuestra la falacia del mito de la tolerancia que supuestamente se cultivó en Al Andalus.

Pero donde el panfleto moderno se muestra más delirantemente absurdo es en la parte de explicación del templo islámico, apuntando ya en el propio epígrafe la consideración que tiene de él: LA INTERVENCIÓN ISLÁMICA. Es decir que lo que trata de inculcarnos el autor es que en realidad la mezquita construida como aljama principal de la capital de Al Andalus no fue una original creación de los invasores musulmanes (que sucedieron a los invasores visigodos, pero cristianos), sino un reforma para adaptarla a su culto, de una estructura cristiana previa. A eso apunta la palabra intervención, según mis humildes conocimientos. La estolidez del redactor no para en mientes de que previamente ha hablado de la total destrucción de la basílica cristiana. Y sobre lo que ya no existe no se puede intervenir.

Seguidamente desgrana ya más o menos ortodoxamente las etapas constructivas del templo islámico, pero eliminando cuidadosamente cualquier mención a las aportaciones más importantes de los arquitectos islámicos e incidiendo por el contrario y morosamente en todas y cada una de sus probables o probadas influencias de la arquitectura hispanorromana de raíz cristiana. Afirmar rotundamente que el bicolorismo de los arcos de la mezquita, una de sus señas de identidad más importantes, fue copiado por los árabes del palacio episcopal encontrado en Cercadilla habla de la falta de escrúpulos de nuestro panfletario autor a la hora de arrimar el ascua a su sardina. Y de su afición a los traidores pellizcos de monja habla el hecho de que de los siete renglones que dedica a su condensada explicación de la parte de la ampliación de Abderraman II uno lo haga incidiendo en las persecuciones que en ese tiempo se infligieron a los cristianos.

Es una verdadera obsesión la que tienen los curas con el tema del mito de la tolerancia en Al Andalus. Y no les falta razón desde su punto de vista para cultivarla, porque saben perfectamente que los mitos no surgen porque sí, sino que tienen siempre un fondo de verdad y que nacen siempre para resaltar una comparación entre unos tiempos y otros, entre unos hombres y otros, entre unas crueldades y otras.

Es cierto que se trata de un mito que ha sido usado hasta la náusea por tirios y troyanos, por islamófilos de raíz tanto goytisoliana como neoconversa, por rapsodas y exaltadores localistas de las glorias de pasados jurásicos, por catedráticos de la de Nobles Caspas y Bellas Tretas, por guías turísticos más o menos ilustrados, por ministros del ramo muñidores de beatífico ecumenismo, para vender flamenquines, erudición o buenismo, y que adolece generalmente de una falta sistemática de aplicación de los más mínimos controles historiográficos serios y de exceso de aplicación de criterios conceptuales propios de la actualidad. Pero lo que sí se puede afirmar es que si surgió, a lo largo del siglo XIX, fue porque cuando se comenzó a estudiar la sangrienta historia de este país con criterios más objetivos y no anclados en las visiones contrarreformistas anteriores se sintió la necesidad instintiva de su creación como hito paradisíaco o edad de oro excepcionales en la secuencia de las crueldades sin fin que la han jalonado.

La Historia de Al Andalus es muy larga, nada menos que 8 siglos, en los que lógicamente hubo de todo, pero lo que sí está comprobado es que en la mayoría de los periodos los cristianos y los judíos no fueron perseguidos y se les permitió su culto a pesar de que se les cobrara un impuesto. El autor del panfletazo con una ausencia de vergüenza a prueba de bombas afirma que la destrucción de la iglesia de San Vicente, que ocurrió a mediados del siglo VIII cuestiona el tópico de la tolerancia que supuestamente se cultivaba en la Córdoba del momento, en un intento descarado de contaminar con ese cuestionamiento el resto de los periodos. Hay que decirle, por otra parte, al tipo este que la destrucción se llevó a cabo tras una compra legalizada, lo que desde luego no ocurrió con todas las mezquitas que fueron destruidas sin más a los pocos días de la conquista del rey cristiano santificado y sin que puedan servir ninguno de los dos hechos para marcar moralmente actuaciones del pasado con criterios actuales.

A la Iglesia le sale la verde bilis cuando se le enfrenta con el hecho contrastado de que así como otras religiones oficiales fueron tolerantes en líneas generales con las de la competencia, la Católica se caracterizó siempre por una crueldad sin límites y una tendencia generalizada a la persecución y la expulsión. Nadie habla nunca de los cientos de miles de mártires paganos que fueron asesinados u obligados a convertirse por las autoridades tras su entronización como religión oficial del Imperio en un número infinitamente mayor que el de los cristianos que fueron comidos por los leones de Diocleciano. Pero, claro, aquellos no tuvieron la oportunidad de ser ensalzados hasta la nausea y por los siglos de los siglos: no quedó ni uno. O sólo hay que contemplar las persecuciones de herejes, las expulsiones de los judíos primero y de los moriscos, obligados previamente a convertirse, más tarde. O la conversión forzosa de los indios americanos. O la Inquisición. Y todo ello en épocas donde los derechos humanos ya habían sido germinalmente enunciados. Frente a todo eso la normalidad de Al Andalus no es que quede mitificada, es que resplandece como un faro de humanidad.

Los árabes andalusíes no fueron ni más tolerantes ni menos que otras culturas. Lo que les hace contrastar es la propia crueldad milenaria de ese pozo de intolerancia que fue siempre la Iglesia Católica.

La parte que el panfletario dedica a LA TRANSFORMACIÓN CRISTIANA ocupa bastante más líneas que la INTERVENCIÓN ISLÁMICA y desde luego el relato de la conquista y de la conversión inmediata de la Mezquita en iglesia sí que habla de la tolerancia cristiana. Allí no hubo expropiación remunerada, sólo simple y puro arrebato, derecho de conquista.

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El infumable folletazo termina con una estomagante REFLEXIÓN acerca de la supuesta certeza de que la mezquita se conservara gracias a su conversión en catedral. Pero no hace ninguna referencia al hecho de que la catedral incrustada en su centro en el siglo XVI fue fruto de un dislocado empeño de la Iglesia de destruir parte del edificio para llenarlo de angelotes y que contó con la férrea oposición de las autoridades civiles de la época, que fueron excomulgadas por ello. La reflexión culmina con un emplaste teológico pseudopoético digno de figurar en uno de esos posters que cuelgan las adolescentes sensibles en sus cuartos para tratar de ser mejores con sus amiguitas.

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Alguien debería decirle a este esforzado panfletario y a sus empleadores que por mucho que se empeñen los visitantes vienen a ver la MEZQUITA, o sea la MEZQUITA, y no la catedral y que ambas cosas, aunque compartan espacio, no son lo mismo. Y desde luego a lo que no vienen es a que se les caliente la cabeza con apolilladas doctrinas vaticanas. Lo jodido de todo este asunto es cómo colaboran a la creación de esta gran falacia profesionales de prestigio con su aquiescencia o con su silencio. Arquitectos y arqueólogos a sueldo del Cabildo que seguramente se reirán para sus adentros de las cretinadas curiales, pero que callan siempre convenientemente su opinión.

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13 Responses to “ La segunda desislamización de la Mezquita de Córdoba (I) ”

  1. El tabernero on 30 Junio 2009 at 11:25 am

    Manuel, pues ahora con el negociado espectáculo multimierda y antiherejes que van a soltar en el templo, van a terminar de arreglarlo. Siguiendo las máximas de Goebels (“una mentira repetida hasta la saciedad se convierte en verdad”) santo de sus devociones, están haciendo un ridículo espantoso. Sus estrategias son de un infantilismo que ofende. Y lo peor de todo es que a quienes están ofendiendo con esto es a los cordobeses, que podemos quedar en ridículo cada vez que un visitante abre uno de estos follados folletos.
    Yo creo que en el fondo el folleto está hecho para insultar a los cordobeses, pues el visitante de la Mezquita suele saber al menos que lo que visita es UNA MEZQUITA.
    La intolerancia que rezuma esta información turística es como para que aquí prohibiéramos hablar de las3culturas.
    Están luchando contra una realidad aplastante con un papel doblado, mal escrito, feo hasta decir basta y lo que es peor, mentiroso.
    Delata su vertiginosa pérdida de influencias.

  2. Mayo Florido on 30 Junio 2009 at 12:25 pm

    Felicitaciones D. Manuel, es un autentico hallazgo hermeneutico esta comparación. Si hubiera un congreso de Borrado de Memoria Histórica sería una ponencia estrella.
    Hay que nacionalizar este edificio, expropiarselo a la potencia extranjera que lo ocupa.
    La principal industria de Córdoba no puede estar en manos de un estado extranjero que manipula y miente.

  3. lamalgama on 30 Junio 2009 at 13:07 pm

    Estas cosas se avisan Manuel, vengo de tu blog de releerme aquella mítica entrada sobre Luis Recio (a la que he vuelto tras leer que ayer fue el encargado de servir de guía a la gente esta de la UNESCO), y ahora vengo aquí, me zampo todo esto y me dan unas arcadas que están a punto de hacerme vomitar. Te lo digo ahora que aún es pronto, pon un cartel de aviso al principio sobre la peligrosidad de leerlo.

  4. Paco Munoz on 30 Junio 2009 at 13:48 pm

    Manuel, cuando pretendo colaborar comentando algo de tus excelentes trabajos, me es materialmente imposible. Eso no es extraño, porque lo tienes todo atado y bien atado, sin que se entienda la frase con doble sentido, es decir no hay por donde meterle el diente. Tengo que buscar algún fleco que se te haya quedado atrás, cosa que nunca ocurre, o andar en paralelo por el tema.

    Creo que te has quedado corto y has sido comedido en la exposición y sobre todo en los epítetos. Pero al comprobar la numeración, es mejor esperar la segunda entrega para opinar al respecto.

    No me llama la atención ni lo más mínimo, la manipulación de la realidad y la verdad. Creo que manipularon hasta el acta fundacional de su empresa. El panfleto “histórico-turístico” resuma cinismo en todas y cada una de sus páginas.

    Todas las religiones, como bien detallas, han tratado de poner la suya en el lugar sagrado de los anteriores pueblos ocupados. No es sino un reconocimiento de lo sagrado del anterior. Los romanos de los griegos, los cristianos de los romanos, los árabes –en el caso que nos ocupa-, de los cristianos, etc. Han copiado las distintas liturgias adaptándolas a los intereses del ultimo ocupante, incluso en el caso del cristianismo, han hecho santos a los distintos dioses menores, o utilizado las fiestas agrarias, y puesto días festivos de vírgenes a los de diosas.

    La realidad es que, cuando los árabes vienen a la península, lo hacen en calidad de invitados en un principio, arrendadores durante un corto tiempo, y propietarios con derecho a retracto después. Pero hay que tener en cuenta que son pocos, de lo que se deduce que el pueblo acepta, de buen o mal grado los nuevos dirigentes, y asumen sus costumbres y religión, salvo excepciones, ya que los pueblos sólo quieren vivir en paz. Son los dirigentes los que inician las guerras de cualquier índole. Salvo que se trate del Betis, entonces son los béticos. Siempre procuro cuando me hablan de reconquista, decir que fue conquista, pues considero que para que fuese re tenía que haber sido antes propiedad de los “reconquistadores”, cosa que no fue así desde mi punto de vista.

    Como decía al principio el cinismo del folleto es parecido al del lince, pero en este caso para no perder la costumbre, manipula la historia. Dice el Tabernero que nos pone en ridículo a los cordobeses, no siento yo por eso ridículo ajeno, en todo caso se pondrán ellos y los dirigentes políticos que lo consienten. La cuestión es lenta pero cada día escucho más divergencias con esta familia.

  5. Pinchito on 30 Junio 2009 at 17:58 pm

    Tanto en el Trabajo de Manuel como en los comentarios, hay frases con las que me gustaría contar en mi caja de herramientas. Pero sobre todo una me ha enamorado, Manué: Yihhad Católica. ¿Me la prestassss? ¡plisssss! :-)

    Y en lo que se refiere a la Entrada, Manué, pues ya sabes… tampoco te voy a regalar la oreja! pero es para descorchar champán, jodío…

    El texto de la última foto, “REFLEXIÓN”, me parece vomitivo. Lo más curioso es que venden una persecución inexistente al Catolicismo.

  6. werrybee on 30 Junio 2009 at 19:46 pm

    Igual pasa con la iluminación de las dos zonas de la mezquita: Mientras la zona árabe está cada día más oscura, con cada reforma que hacen de la parte cristiana la dotan de más y más luz (natural y artificial).
    ¿Nadie se ha peguntado por qué al interior del templo no permiten entrar tripodes para las cámaras?

  7. Jeronimo Sanchez on 30 Junio 2009 at 21:05 pm

    Manuel, acabas de demostrar empíricamente que en esta ciudad el patrimonio sólo sirve machacar al de enfrente. La Mezquita, Medina, el Puente… da igual. Sólo falta que hagan una demolición controlada de todo, juntar todas las piedras en el recinto ferial y que nos vayamos allí todos a tirárnoslas unos a otros… lo que queden vivos podrán construir un Hipercor o un rascacielos con cocheras donde antes estaba el patio de los naranjos. Así no molestará al progreso tanta piedra coñazo.

    • Lisistrata on 30 Junio 2009 at 21:29 pm

      Pero al ferial no íbamos a mandar a las cofradías con sus santiluricos y demás reata? e incluso en deferencia a ellos le íbamos a cambiar el nombre de ferial por “semansanatódromo? o ya es q estamos arrepentíos? @_@???

  8. [...] no se queda sólo en la redacción del folleto/panfleto que se entrega a los visitantes y que comenté en la entrada anterior, sino que se extiende también al control férreo de la información que el reducido grupo de [...]

  9. lamalgama on 4 Octubre 2009 at 16:28 pm

    Esta mañana me ha dado por querer entrar a la MEZQUITA, pero resulta que ¡oh cielos! entre las 12 del mediodía y las 2 de la tarde queda cerrada exclusivamente para la misa. Allí estábamos mugaisma y yo con cara de gilipollas dándonos la vuelta un domingo a las 12:30 del mediodía porque no nos dejaban pasar a ver la Mezquita, al igual que el resto de apenados turistas que no entendían muy bien aquellos carteles en tamaño A1 que ponía “La Catedral de Córdoba”. Os lanzo una pregunta que no hace falta que respondáis ¿veis lógico que el mayor menumento de la ciudad, la MEZQUITA de Córdoba, quede cerrada en el horario de más visitas, en el día de más visitas, y tan sólo se permita el acceso bajo control férreo de una adecuada marca de catolicismo a la misa de 2 HORAS de la mierda del Cabildo?

    Y para más inri, el estupendo y marafantástico Cabildo Catedralicio, en un alarde de proseguir con su kirschificación del menumento, ha endosado un ciruelo giratorio y acampanillado en la más alto del surtidor de la fuente del patio de los naranjos. A ver si cuelgo la foto que tiene miga el asunto.

  10. Cordobés on 12 Octubre 2009 at 14:45 pm

    Documentaros más. Hay 10000 veces más verdades en lo que explica el panfleto en lo que decis vosotros. Por favor estudiar historia y arqueología y despues hablais. Y por favor analizar las cosas con la verdad y no seais tan sectarios como decis que es la Iglesia.

    • martí julbe on 12 Octubre 2009 at 18:35 pm

      El que haya escrito el folleto de marras no está muy interesado en la verdad histórica o arqueológica. Lo que parece que le preocupa es que vayan a ver la Mezquita y no la Catedral.
      Mal que le pese lo que prima para el público es justo esto.
      Añade el autor unas buenas dosis de ideologización innecesaria y de ocultación de lo básico hasta lo recalcitrante.
      Se puede sumar un cierto desprecio del autor por un diseño del folleto acorde a la calidad del monumento, que es deudo del mal gusto del promotor/es del chirimbolo modelo Torrebruno de la fuente del Patio de los Naranjos y que tan popular se ha hecho.
      Cordobés, tú mismo sin ir maás lejos, puedes ayudarnos a encontrar el camino de la verdad.
      10.000 , según tu cómputo, nos contemplan.

    • lamalgama on 12 Octubre 2009 at 20:03 pm

      Cordobés no te precipotes que por esta calleja hay más arqueólogos e historiadores que jamones en el despacho de un político. Si quieres refutar lo que aquí se dice no tienes más que demostrarlo, esperamos ansiosos.

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